QUE SE LO LLEVE TODO LA MÚSICA

domingo, 2 de febrero de 2014

¿Qué hay de bueno en todo esto?

Buscando una felicidad que te hunda, y que tape las bocas infelices. Una felicidad en general para una vida cero vital. Buscando el mejor maquillaje de la farmacia para lucir el miedo un poco más elegante y  confórmate con lo poco de paz que te quedó del día. Buscando llegar a los 50 años sin el miedo la oscuridad. Buscando hablar más de sobrevivir que de vivir. Y la cuestión no es si el mate esta amargo o frió, si no que ¿Dónde ESTÁ EL MATE? Ya resulta agotador estar cinco minutos tratando de neutralizar el miedo y otros diez minutos llenándote de esperanza. Aunque debo reconocer que el miedo va perdiendo su intensidad y las esperanzas se van poniendo en extinción y digamos que mal no estamos, o ¿sí?… El amor nos pone sensibles y con el odio no damos vueltas, porque si odiamos algo, lo odiamos firmemente. Si amamos, si amamos… Bueno si amamos nos estamos destruyendo de la manera más linda y avergonzada que pueda existir. Pero si nos amamos tarde o temprano nos odiamos… Nos odiamos firmemente. La gente no puede  aceptar el amor- odio. Pareciera que acá el pesimista es el odio y el eufórico es el amor. ¿Por qué no complementar antes que retroceder? igual, a lo que voy es que supuestamente estoy hablando de amor, supuestamente estoy nombrando al odio y echándoles la culpa a estos dos por mi enojo dominguero. Es ese el problema, no pasa por cual es el verdadero significado de amar, ni cuanta importancia tiene el odio en nuestras relaciones interpersonales. Sino el mal uso que le damos a estos sentimientos tan hervidos y tan puros, que muy pocas veces tienen esa transparencia sólida que se ve en las películas. 
La manera en que uno se asimila con el otro, para poder obtener el puntaje más alto de la estupidez humana. Tengo en mi cabeza países que no puedo nombrar, y sobre la mesa un rompecabezas sin armar ¿y donde se fueron todos? Un martes me levanto con el dialecto de una chica de 15 años y un lunes me baño con el vapor de una señorita de 18 años.
Yo llamo a la facultad que vuelve incrédula a hipocresía, y aun así sigue siendo irritante y poética. Nos damos el lujo de pronosticarnos depresión prolongada cuando no sabemos diferenciar la tristeza de la depresión. No se dan cuenta que en cada acción rutinaria sumamos un gramo más de ironía. La ley de la H-I: Incredulidad-hipocresía-ironía. 
Y a mí me inunda la indignación de ser yo…

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