QUE SE LO LLEVE TODO LA MÚSICA

lunes, 9 de septiembre de 2013

La frecuencia de está radio es una mierda...


Tengo calor, ese calor tan veraniego que me da asco, no lo soporto, por suerte no es por el  Sol irritante, si no de la fiebre que viene y va, espasmos de frío y calor y ahí va… ¿Nunca se preguntaron el por qué tendemos a tomar con rencor, anhelo, bronca y tristeza el pasado? ¿Por qué no tenerle rencor al futuro? Hace que todo lo que quería se convierte en pasado, al futuro tendríamos que odiar, hacer cacerolazo y protesta contra la aguja más grande del reloj, por cada “tic tac, tic tac” que hace de mi cabeza una licuadora. Escucho hablar más de tres personas juntas, a la vez, y no puedo, no escucho sonido, escucho ruido, molesto. Y me di cuenta que me, hice, fanática, de, la, coma. Me encanta el silencio en mi casa, en mi dormitorio mientras que en mi cabeza las altas voces reproducen lo más imprudente hasta lo más injusto o justo, la verdad no sé.  Ayer volaba de fiebre, me quede mirando al espejo, y me di cuenta que jamás me mire al espejo a los ojos, jamás le preste tanta atención a mi mirada como ayer.  Me quede tildada mirándome a los ojos,  quise sonreír y me puse a llorar, me di cuenta que miré a mi interior y no me podía mentir, no podía sonreír, y lo que más preciso es estar clara, es lo único que quiero, nuevamente quise echarle la culpa a la fiebre, a mi cara demacrada, a la estupidez adolescente, estaba convencida que por ahí iba la mano, pero no, no viene de afuera, viene de adentro. Sinceramente jamás tuve un lector preferido, todo lo que escribo no va dirigido a nadie, hoy este blog resulta ser el mejor analista de mi vida. Cada vez que intento sacar algo a flote, de adentro mío, no recibo más que consejos llenos de optimismo y mentira. No le echo la culpa a nadie, son cosas que se escapan, se van de las manos, debe haber alguien peor y alguien mejor que yo en otro lugar. La necesidad de culpar a alguien por lo que me pasa, se transforma en la primera necesidad básica de mis días. Que no esté clara no significa que este oscura, estoy en aguas turbias, me lo dijo el mar en mi sueño. El blog se llegó a convertir en ese diario íntimo, no tan íntimo, si no intimidante. No busco la solución en el lector, tampoco que logren entender, si no que la persona que se tome el tiempo de leerme, no pase por lo mismo que yo, aunque no voy a mentir, preferiría que se tome el tiempo de preguntarse si verdaderamente está bien con él mismo, y cuando hablo de esto no quiero que vean a su alrededor, solo que miren su interior e interactúen con su cabeza, si tienen amor, plata y un hogar perfecto no interesa, solo mirarse al espejo, fijamente a los ojos y preguntarse: “¿Estoy bien?” A veces enredarse con uno mismo está más divertido que pasar una noche con amigos. Con moquitos y pañuelos de menta, atentamente Florencia, Florencia…

domingo, 8 de septiembre de 2013

La radio de siempre, en stand by.

El vaivén de la fiebre mezclando los mocos con las lágrimas, la cara salada como si me hubiese chapoteado en el mar sureño. Respiro quebrantada queriendo decir algo, deduzco y deduzco, y en realidad no puedo deducir nada más que la confusión que tengo de pies a cabeza. Quiero saber si estoy triste, si estoy bien, si es solo la fiebre. Quiero echarle la culpa a alguien o a algo, solo para poder dormir tranquila y decir: “Bueno, es por eso, sé que por acá no me conviene ir, dejo de lado esto y tomo aquello” Me siento vulnerable, como siempre, pero desde el rincón del dormitorio, me siento… Me siento en la cama, miro a la pared, quiero pensar en alguien, pero no, no tengo en quien pensar más que en mí, en mi cabeza. No veo negro, pero tampoco blanco, no sé qué estará pasando allá arriba, pero tengo que admitir que últimamente estoy viendo a mi corazón y me da miedo, porque cuando lo siento, me siento triste, y ese no es el problema, sino que, sentir me da miedo. Siempre fue un juego perverso sentir con la cabeza, pero está vez me saca fuerzas. Siempre nos aproximamos a todos, va queremos aproximarnos al tiempo, al otro, aproximarnos para no tener que descender y ser menos que el otro. La gente se aproxima a la primavera, se aproxima al Sol, sabiendo que jamás va alcanzarlo. Entonces, ¿por qué no quedarse quieto y solo ver, pensar, ver y pensar? Dicen que para que un texto sea bueno no debe tener preguntas retoricas pero, ¿por qué no hacerlas si en verdad existen en mi cabeza? Ahí va…  Hay domingos en los que me levanto con ganas de amar a mi familia, a esas personas  allegadas, y otros en los que no veo ningún vínculo con ninguno de ellos. Me da vergüenza de ser, de pertenecer y permanecer todos los días, todo el día y se siente agrio. Pensé que no iba a necesitar más de Coldplay y Morrissey, pero acá estoy a mitad de un texto sin gracia, enchufada a Bigger Stronger. Capaz, como siempre pienso, esto es solo la tontees de la adolescencia que en mi caso, si es así, me pegó muy fuerte. O quizás si hay algo verdadero que se tiene que arreglar, quizás tengo que ir al técnico ver si realmente tengo un virus, no me gustaría formatearme, porque a pesar de todo, me gusta ser Florencia.