El “Ay no sé qué me pasa” es igual al “Si sé que me pasa”
pero viste que entre gente atascada y bebida blanca mucho no sirve decir lo que
te pasa, total es en vano, porque ese ron te quito las ganas de que pase algo. No
sé si me levanté con el pie derecho, izquierdo, con los dos juntos, no sé. Es
como si tuviera una alergia al maní pero emocional. A veces llego al punto de pensar
demasiado y me desespero y lo peor es que a todo esto lo único que me sale para
decirme es que no entiendo porque me comporto tan pendeja. Lo bueno es que esto
me pasaba dos años atrás y estallaba, ahora también estallo, pero de risa, de
lo idiota que me puedo llegar a poner, que nos ponemos. Aunque ojo eh, no me
percato de nada todavía tengo mi auto negatividad y mi gramito de pesimismo,
siempre en pie. Pero hay algo que tengo que reconocer a veces (uso mucho el “a
veces”) me levanto con un humor apestoso y digo “che no, hay muchas mañanas más
para estar así, calmémoslo” y lo peor es que funciona y me da bronca, ¿se llama
optimismo esa cosa?
Pareciera que todo en la vida es jodidamente lineal. Pasas
toda la infancia con la sola preocupación de que llegue Papa Noel con el regalo
que le pediste. Pasaste toda tu adolescencia imitando actitudes estúpidas que
mamá y papá te corregían… ¿Y de adulta que me queda? Sí estás más de cinco años
en pareja te tenes que casar, tenes tu 0km y ni hablar de la casa propia y la
familia feliz. Sí, es un modelo estándar de vida y no, no voy en contra de
este. Si no que uno con la mente tan joven y con la maduración de una pera en
pleno invierno se aterra de estas cosas y en mi opinión, la casa propia, la
familia, el autito y el trabajo digno no es la única manera de alardear a tus
amigos “che, estoy bien”. No nos tomamos el tiempito necesario para ver que
necesitamos en vedad, hay veces en que la mente juega en contra solo porque no
la despabilamos a tiempo. Te hacen falta unos segundos más para estar menos
mal, pero sabes que el mundo no espera y la gente tampoco, y si frenas vas
contra reloj. Pueden haber un millón de cosas que no aceptemos aunque nos
acompañen a lo lardo del día, por un lado está la esperanza, la paciencia y
todo eso que puede darte un gramo de amor aunque sea una vez al día. Por otro
lado esta lo repudiable, el enojo, la desesperanza a todo eso que te quito el
sueño, que no está mal tampoco porque si te quiero hoy ¿por qué no puedo
odiarte mañana?
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